De la sesión de danza primal me llevo una experiencia enriquecedora. Me permitió conectar con las sensaciones corporales, soltar tensiones, reflexionar sobre el (auto)juicio y disfrutar de un espacio seguro y compartido, en el que sentí sintonía con las demás participantes. Me llevo también la energía que transmite la dinamizadora y agradezco el esfuerzo de las organizadoras en lograr crear un espacio valioso de autocuidado para quienes normalmente estamos en el rol de cuidar a otros.
N.
